diumenge, 16 de desembre de 2012

De caracolas


De pequeña mi bisabuela me enseñó que en las caracolas se oye el mar. Que la magia existe y que hay cosas que, a pesar de estar lejos, están cerca. Des de entonces siempre quise tener mi propia caracola y hasta la encontré, en Colombia, cuando ya no buscaba caracolas. En aquél momento la felicidad fue máxima: era una caracola distinta a las demás y sonaba muchísimo. Pero entonces viajé, volví a casa y mi caracola dejó de sonar. Como de repente. Creo que era mi bisabuela, que me hablaba desde lejos y esta vez me decía que hay cosas que no son para siempre, que por mucho que queramos no nada. Pero a mí siempre me quedará la duda, ¿dejó de sonar porque me alejé demasiado?  


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